¡Hola a todos!
¿Qué tal ha sido vuestra semana? La mía intensa, pero no me quejo, ha estado bien, y el fin de semana me ha venido genial para recargar pilas. Hoy os traigo un libro muy especial, espero que disfrutéis de la entrada.
Nombre: Lo que veo a través de la lluvia.
Autor: Javier Dut.
Editorial: Jarosa.
Páginas: 301.
Tree Falls City, una ciudad situada en Carolina del Norte, siempre ha sido un lugar muy especial. Un lugar donde todo es posible, tranquilo y feliz. Por eso, cuando la noche del 20 de diciembre de 1990, una niña de 10 años llamada Hilarie Sawyer, hija única de una de las familias más pudientes, respetadas y queridas de la ciudad, se situó en lo alto del Puente de los Ángeles, bajo la lluvia, con lágrimas en los ojos y un gran vacío en el corazón; nadie habría imaginado que su intención era saltar al vacío. Y mucho menos, por qué. Quizá solo haya que mirar a través de la lluvia para saber la respuesta y descubrir lo que pasó después.




Hacía años que no leía a Javier Dut, y eso que con su historia Carpe Diem: un momento por toda una vida me mantuvo enganchada por todo lo que sucedía entre los personajes, y con Ahora y siempre me hizo reflexionar mucho sobre la muerte y sobre la percepción que tiene cada persona sobre nosotros, las expectativas y cómo cada persona vive los momentos y las relaciones de una manera diferente. También con Una sonrisa para un corazón, hizo que reflexionara sobre el daño que puede hacer la prensa rosa, y consiguió que me enamorara de la relación de los protagonistas. Hace muy poquito ha salido Lo que veo a través de la lluvia, he de decir que de las cuatro novelas que he leído del autor, es mi preferida. Ha sido la que más me ha calado y no puedo hacer más que recomendárosla, ahora veréis por qué.
Comenzamos de una forma fuerte, dado que una niña de diez años está barajando terminar con su vida tirándose de un puente, pero algo la frena. Esa es la primera toma de contacto que tenemos con Hilarie, la hija de una pareja que llegó sin nada a Tree Falls City. Sus padres montaron una pequeña heladería y, gracias a la confianza de su primer cliente, Moira, el negocio fue despegando, hasta convertirse en una cadena famosa y pasaron a ser una de las familias más adineradas del lugar. Pero esa no es la única cosa que hizo que la vida de Hilarie cambiara, no. El suceso que marcó un antes y un después en ella fue la llegada de Grant, el nieto de Moira, que tras una tragedia que envuelve a su núcleo familiar , comenzó a residir con su abuela. Los caminos de Hilarie y Grant se encuentran y sus decisiones marcarán sus caminos.
"En esta vida hay dos grandes verdades:
La primera, que lo bueno no dura eternamente.
La segunda; que el pasado siempre vuelve. Y curiosamente, la mayoría de las veces, de la forma más inesperada y en el momento menos oportuno".
Lo que veo a través de la lluvia es un libro que remueve mucho. Es de esas lecturas que, una vez terminas, siguen contigo unos cuantos días más, rondando por tu cabeza, haciéndote reflexionar sobre muchas cosas y cuestionarte tantas otras. No es un libro de amor, o tal vez sí, pero no solo trata sobre eso. Trata sobre las decisiones, buenas o malas, pero que son de uno, y uno tiene que estar orgulloso de que sus decisiones sean suyas. De cómo esas decisiones son determinantes para el desarrollo de una vida, y de que, hasta la más pequeña, puede derivar en un gran cambio. Si Moira hubiera decidido marcharse a otra heladería cuando vio que no quedaba de su helado favorito, puede que la heladería hubiera tenido que cerrar, porque no se hubiera hecho tan conocida. Si Hilarie no hubiera visto a la pareja que vio, no hubiera apostado por vivir, Si no hubiera vivido, no le hubiera enviado una nota a Grant. Si no le hubiera escrito esa nota, tal vez nunca habría sucedido todo lo demás. Todo está encadenado, todo pasa por algo, y esta novela consigue reflejarlo. Habla de la vida, en general. Y eso es mucho, muchísimo.
También me ha hecho pensar sobre los miedos y sobre la falta de comunicación. Cómo una conversación sincera puede ahorrarle a uno muchos malos momentos. Cómo nos anticipamos a situaciones que nunca se dan, o damos por hecho cosas que realmente no son así. Y cómo muchas veces tenemos miedo a pedir perdón, o a abrirnos a otra persona, o a volver y disculparnos cuando nos hemos equivocado. Esa conversación no tenida hace que sobrepensemos, la bola se vuelva más grande y bueno... Es otra de las cosas que provocan cambios. Algunos buenos, otros no tanto. Pero cambios, al fin y al cabo, y casi sin darnos cuenta, cambiamos la dirección de nuestro camino. O los contratiempos. Esos sucesos que no podemos controlar, que parece poco probable que pasen, pero de repente, ¡pum! Ahí están. Ese atasco que no esperábamos. Esa llamada que no escuchamos al tener el teléfono en silencio. Ese imprevisto que, a veces, nos trastoca los planes, o nos trastoca la vida, o impide que cumplamos algunas promesas.
Por último, he reflexionado mucho sobre el amor, en todas sus formas: el romántico, el familiar y el de la amistad. Cómo no solo por, sino a pesar de, el amor siempre está. El amor no juzga, el amor perdona y el amor está ahí. A veces parece dormido, porque no ves a la persona. Y que exista en tu corazón no impide que puedas desarrollarte como persona individualmente. Pero cuando te reencuentras con una persona a la que quieres, vuelven a escribirse o llegan de nuevo esas risas compartidas, solo queda eso. El amor nos hace ver a través de la lluvia. Me ha encantado el simbolismo que contiene el título.
De verdad, espero de corazón haberos transmitido lo mucho que me ha gustado el libro y ojalá le deis una oportunidad. Si queréis profundidad, reflexión y emoción, ni os lo penséis, corred a leerlo.
¡Muchísimas gracias al autor por el ejemplar y la confianza!
¡Besos!